El sistema de comunicación científica que utilizamos hoy es el resultado de siglos de evolución. Entender cómo llegamos hasta aquí — y dónde el sistema ha fallado — es relevante para cualquier equipo que trabaja con evidencia científica como base de sus decisiones de desarrollo.

La evolución del sistema de publicación científica

Del juicio institucional al peer review

Hasta el siglo XX, la diseminación del trabajo científico funcionaba mediante un mecanismo iniciado en el siglo XVII casi simultáneamente en París y Londres: los investigadores enviaban sus manuscritos a entidades de prestigio — academias, universidades o colegios profesionales — cuyos miembros decidían si publicarlo en el journal de la asociación. La revisión del material y la decisión de publicar no estaban gobernadas por reglas formales, sino por el criterio de los miembros de la institución.

Este sistema persistió hasta el siglo XX, cuando el aumento de la actividad científica y el predominio de publicaciones por parte de editoriales comerciales — desvinculadas de la investigación — llevaron a la creación del rol de revisor de manuscritos y al surgimiento del Peer Review. Esta figura es crucial porque garantiza la originalidad y la relevancia del manuscrito y habilita su publicación en el journal.

El Journal Impact Factor (JIF)

Otra innovación del siglo XX es el Journal Impact Factor (JIF), introducido por Eugene Garfield para calcular el promedio de citas recibidas por los trabajos publicados en un journal en un período de dos años. Inicialmente, el JIF ayudaba a los bibliotecarios a seleccionar qué journals incluir en sus colecciones, ya que más citas implican más lectores. Con el tiempo, ganó popularidad entre los científicos, que comenzaron a utilizarlo para elegir dónde publicar sus trabajos en función de la audiencia potencial en su campo.

Open Access: la democratización del acceso a la ciencia

El tercer factor es el Open Access, un movimiento que aboga por la publicación y lectura libre de información científica. Los altos costos de publicación representan una barrera para muchos investigadores, al igual que el acceso a publicaciones disponibles solo para suscriptores o en bibliotecas físicas. El costo de un PDF puede oscilar entre USD 20 y USD 30.

La combinación de estos tres factores — peer review, JIF y open access — ha permitido un crecimiento acelerado de la comunicación científica peer-to-peer y ha facilitado el progreso científico en países en desarrollo, así como el crecimiento de la industria editorial.

El lado oscuro: fake papers, plagio y fabricación de datos

Sin embargo, el mismo sistema que facilita la comunicación científica también ha habilitado el crecimiento de comportamientos inapropiados: plagio, fabricación de datos y manipulación de resultados. Los estudios muestran que alrededor del 34% de los papers de neurociencia publicados en 2020 contenían datos o manipulaciones contrarios a la ética científica.

Uno de los casos más conocidos y con mayores consecuencias para la salud pública fue el de Andrew Wakefield, quien publicó en 1998 un artículo en The Lancet afirmando una relación entre la vacuna MMR (sarampión, paperas y rubéola) y el autismo. El artículo fue eventualmente retractado después de que investigaciones posteriores demostraran que los datos habían sido manipulados y que Wakefield tenía conflictos de interés no declarados. Sin embargo, el daño ya estaba hecho: el movimiento antivacunas tomó ese paper como referencia, generando consecuencias en salud pública que persisten hasta hoy.

Por qué el problema de los fake papers es relevante para el desarrollo farmacéutico

En la industria farmacéutica, la evidencia científica publicada es la base de múltiples decisiones críticas: la selección de moléculas candidatas, el diseño de protocolos clínicos, la evaluación de mecanismos de acción y la interpretación de resultados de seguridad. Un paper fraudulento incorporado como referencia en un plan de desarrollo puede orientar recursos hacia callejones sin salida o, en casos más graves, comprometer la seguridad de los estudios.

El problema se agudiza con el auge de las revistas predatorias — publicaciones de acceso abierto que cobran tarifas de publicación pero no aplican peer review riguroso — y con el uso de inteligencia artificial para generar contenido científico aparentemente plausible pero sin validación experimental real.

Las señales de alerta que los equipos de R&D deben considerar al evaluar la literatura científica incluyen:

  • Journals no indexados en bases de datos reconocidas (PubMed, Scopus, Web of Science).
  • Tiempos de revisión inusualmente cortos (menos de una semana desde la sumisión hasta la aceptación).
  • Ausencia de información sobre el proceso de peer review en el journal.
  • Conflictos de interés no declarados por parte de los autores.
  • Incapacidad de otros grupos de investigación de reproducir los resultados publicados.

Conclusión

El sistema de publicación científica ha evolucionado para facilitar el acceso al conocimiento, pero esa misma apertura ha creado vulnerabilidades que el sector farmacéutico no puede ignorar. La evaluación crítica de la literatura científica — verificando la calidad del journal, el proceso de revisión, los conflictos de interés y la reproducibilidad de los resultados — es una competencia técnica esencial para cualquier equipo de desarrollo.

En un entorno donde la solidez de la evidencia determina la calidad de las decisiones de desarrollo, distinguir entre ciencia válida y ciencia fraudulenta no es un problema académico. Es un problema operativo con consecuencias reales.